TÁNDEM
Lorenzo sentía por ella, más allá del presunto deseo, reverencia, idolatría, ¿cómo diría yo…? Adoración, adoración sin límites, esa es la palabra, en todos los sentidos. Mi solete, le decía ella cada mañana, siempre la misma simpleza con su nombre que él le reía medrosamente por compromiso, mientras le ataba los hilos en muñecas y tobillos. Luego lo tomaba por la cruceta, azotito estimulante, y se lo llevaba mansamente al trabajo, a sentarlo en su despachito. Tú ahí, sin moverte hasta que yo termine. Y así hacía, mirando embobado su salvapantallas secreto, repitiendo una y otra vez el tantra, somos el tándem perfecto, somos el tándem perfecto, somos el tándem perfecto…






1971 dijo
como relaja leerte, gracias.
13 Septiembre 2008 | 12:21 PM