-

A Luisma los aviones le vuelven loco. Cuando vimos pasar los cazas no pudo aguantarse y hasta rompió a aplaudir. Carlos le siguió, contagiado, mientras Quique, Merceditas y yo agitábamos nuestras banderas con orgullo patrio, bien alto. Luego recibimos con admiración y escalofrío la formación de bombarderos, perfecta, imponente. Luisma gritaba como un poseso, aquí, aquí, mirad aquí, cojones. Siempre se alteraba mucho con todo esto y nos costaba una barbaridad meterlo a la fuerza en el refugio cuando los pepinazos empezaban a caer ya demasiado cerca de nosotros.

-