Cuando pasamos por la aldea, camino de Jerusalem, la mujer, una pobre viuda, se abrazó al Maestro, desesperada, suplicante, ahogada en llanto. Nos introdujo sin demora en la tiniebla de su humilde casa de adobe. La única habitación apestaba a ungüentos, heces, vómitos, sangre. Tendido en el suelo sobre una estera, el hijo se retorcía de dolor, aullaba atroces blasfemias. La mujer no hablaba, su mirada era elocuente, hazlo, Maestro, tú que puedes, por el amor de Dios. El Maestro se arrodilló junto al agonizante, apenas un adolescente, conmovido como no le habíamos visto nunca. Con la mano izquierda le sujetó la nuca mientras con los dedos índice y corazón de su diestra le cerró suave, delicadamente los ojos. Se hizo un silencio, una paz, un alivio de miel que sació nuestros espíritus, como si manara en nuestras bocas para redimirnos de la profunda amargura recién vivida. El Maestro se incorporó para acercarse a la madre. Con las manos sobre los hombros de la viuda, le susurró unas palabras de consuelo y despedida. Intentábamos proseguir nuestra caminata cuando el aullido de la mujer nos atravesó la espalda como una lanzada. Empezaron a llegar los vecinos a su llamada enfurecida. Ella los jaleaba a gritos desde la puerta, con el cadáver en brazos, fuera de sí. Atónito, paralizado, tuvimos que sacar de allí al Maestro a empellones, primero acelerando el paso disimuladamente, después a la carrera para ponernos a salvo de la lluvia de piedras.
-
Esa noche, molidos, agotados por la huida y por el miedo, nos curábamos las heridas y moratones unos a otros. Por los pelos, esta vez ha ido por los pelos, comentó alguien en voz baja para que no le oyera el Maestro, que, retirado bajo un olivo, se palpaba incrédulo los chichones entre lágrimas, cabizbajo, orante, meditabundo. Por la mañana tenía decidido que volvíamos a Naím, no temáis, esta vez no temáis, confiad. Todavía con nuestra cara tensa por el pánico, estremecidos, hechos un cromo, seguimos al Maestro, como siempre, sin rechistar.




Hola autorrelatos:D
Por tercera vez intento dejarte el comentario. Te decía que me ha gustado el post, aunque yo conocía el relato bíblico en el que el hijo resucita. Imagino que éste es el dia anterior.
Besotes
Es lo que nos pasa en este mundo plagado de injusticias, de hambre, de enfermedades, de miseria. Clamamos, pero ¿realmente llega nuestro clamor? ¿basta con rezar?
Un abrazo.
Error: quise poner -enfermedades-