La materia que conocemos (digo yo que cosas como la estantería que tengo en frente de mí, la pantalla del ordenador, las manos que aporrean el teclado, el dueño de las manos, el gatito que anda ahí fuera cagándose en mi patio, el mismo patio y la caca del gatito y mi barrio todo y mi ciudad y mi país y así hasta el infinito infinitísimo) es sólo un 4% del universo.


Pero, cuidado, que hay otra materia, la oscura (como no hay manera de poner ejemplos, vámonos mejor a Wikipedia y acabamos antes. Enseguida vuelvo. Ya está: “partículas hipotéticas de un tipo de materia, de composición desconocida, que no interactúa con la materia normal y que no emite radiación detectable. La materia oscura no es visible en ninguna parte del espectro electromagnético con los medios técnicos actuales pero su existencia puede inferirse a partir de los efectos gravitacionales que causan en la materia visible tales como las estrellas o las galaxias, así como en las anisotropías del fondo cósmico de microondas. No se debe confundir la materia oscura con la energía oscura.”). Desde luego, yo no sabría explicarlo mejor, aunque, para mi gusto, faltaría una comita después de actuales. Esta materia supone un 21% más. O sea, llevamos ya un 25% del cotarro entre las dos materias, esta y la otra.


Ahí quería yo llegar: el 75% restante ¿qué puñetas es? Pues bien, según parece, no es otra cosa que energía, una siniestra y misteriosa energía oscura.


Si le preguntamos a Google y pinchamos en una de las primeras páginas que se nos ofrecen, no sé, vamos a ver, por ejemplo:
http://www.astroseti.org/vernew.php?codigo=338, descubrimos que los científicos no tienen ni idea de qué puede ser semejante ingrediente de la gran tostada (cada día más chamuscadilla) en que vivimos, pero creen que “esta energía oscura sería la causa de que el universo esté creciendo a un ritmo acelerado, en lugar de a una velocidad que los científicos pensaban anteriormente que se iría desacelerando para siempre.”


La cosa es seria, porque daría una respuesta un tanto, no sé, inquietante, desasosegante quizás, a la pregunta que nos solemos hacer (¿usted no? Qué suerte) en ese ratito chungo previo al sueño, que tan malos rollos suele traer a la cabeza (lo de contar ovejas no es tanto, creo yo, para quedarse frito como para dejar la mente en stand by, seguro): "¿Colapsará finalmente el universo en un “gran mordisco”, se expandirá para siempre en la “gran soledad”, o será despedazado totalmente en el “gran desgarrón”?." (Sigo citando a los de astroseti. Observen el puntito redundante detrás del signo de interrogación: se ve que realmente les preocupan los finales, tanto el del universo como los de las frases).


Jopé, uno no sabe qué es peor, porque lo del mordisco y el desgarrón muy apetecible no parece, desde luego; pero esa gran soledad provoca, al menos en mí, una tristeza, una desazón, un qué sé yo tan grande como un buen pedazo de universo, un pedazo muy gordo. Un rechazo irracional, tontorrón, a algo que no nos afectará ni a nosotros ni a quienes queremos ni a todas las generaciones posteriores que podamos imaginar por los siglos de los siglos, aaamén.


Sin embargo, no dejo de pensar en el último efecto de esa energía, en un deprimente universo de estrellas apagadas y planetas muertos, tan alejados unos de otros que la fuerza de gravedad no ejercería ya poder alguno. Una oscuridad absoluta y gélida que se lo habría tragado todo todo todo. ¿Qué más daría ya lo que existiera o dejara de existir, congelado e invisible y, peor aún, sin nadie para verlo? Si esse est percipi, como decía aquél, entonces ni lo uno ni lo otro, ni esse ni percipi ni nada nada nada, qué barbaridad, me da una cosa aquí en el pecho, como una presión... Uuuf.


Y si yo soy parte del universo, de este universo (quién sabe si habrá otros, pero eso debería, supongo, importarnos menos que las verduras de las eras) ¿seré también un 4% de materia como dios manda, un 21 de materia rara y un 75 de la energía esa? ¿Tanta oscuridad hay en mis tripas? ¿Se irán distanciando mis celulillas, mis moléculas, mis átomos, mis electrones, mis quarks y lo que siga más y más hasta que no haya fuerza alguna que los vincule? ¿Me iré descomponiendo poco a poco, sin darme cuenta, hasta convertirme en gotitas de escarcha en la tiniebla de un congelador? ¿Así me apagaré yo también para siempre? ¿Cuándo? ¿Me dará tiempo a despedirme de la luz? ¿Para qué me encendieron para luego apagarme sin miramientos? Jopé, ¿a qué inteligencia retorcida se le pudo ocurrir algo tan cruel? ¿Puedes echarme el edredón para acá, que te lo quedas todo para ti y me estoy quedando heladito, por favor, cielo? Y vamos a apagar ya la luz, anda, que son casi las dos y mañana entro a primera hora.