En esta mañana radiante de domingo todo es paz y armonía. Balones y bicicletas, barras de pan y periódicos. Jilgueros, columpios. Bajo un cielo azul de catálogo, el olor agrio de las florecillas del parque, los bancos ocupados por parejitas y jubilados. Triciclos, carritos de bebé. Alboroto jubiloso y festivo. Esta mañana que le levanta el ánimo a cualquiera, salvo a mí, que sé mejor que nadie que no es sino la calma que precederá a la tempestad.
In memoriam J.L.B.




En estos días tan tristes, considero muy apropiado tu relato.
Un abrazo para ti y otro para nuestro común amigo.
Qujerido autorrelatos,
leí tu texto y leí el comentario de Juan, entonces me fuí a su blog y lo leí también.
Tres besos, dos para tí y para Juan.
Y uno para José en el cielo, que como allí llega internet, llegará tu relato y el post que Juan le escribió y que pensaba que nunca tendría que escribir, y también le llegará mi beso.
Yo no me acostumbro a esto y lo único que me reconforta cada vez que alguien querido se vá es saber que cada vez tengo mas gente que amo arriba que le espera.
Gracias, Sarah.