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La Coctelera

AUTORRELATOS

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25 Enero 2007

AIRADA-/MENTE MORIR



Respondió gustoso a la llamada de alerta de su pulmón izquierdo, sorda, ardiente, amortiguada por la esponja negra de sus bronquios. Aspiró el humo en caladas hondas, guiándolo hacia donde el dolor se recrecía, volviéndose alfilerazo. Esto sí que es citar desde el estribo, qué cojones.


Inmóvil, dejó que la tarde corriera unas cortinas de barro gris y sucio. Como charcos grasientos, sus ventanas se asomaban a un callejón angosto que nunca conocería la sangre, el ámbar, el topacio de los crepúsculos. Mansamente se fundía con la oscuridad, se dejaba abrazar por sus sombras, no profanándola con luz alguna. Si encendiera otro cigarrillo, cerraría los ojos para eludir el agravio de las miradas en sepia de reclutas, de niñas de comunión, de recién casados.


Horas después le deslumbró el parpadeo del luminoso, desde el otro lado de la calle. Sólo entonces se levantó, para desenrollar las persianas, para atenuar la impertinencia con que el eco de los neones escribía sobre el suelo peep, verde, show, azul. Como una señal que esperara para acostarse, encendió el transistor de la mesilla, sintonizado entre dos emisoras. Se tumbó vestido sobre la cama, acunado por un chisporroteo que a veces dejaba escapar roncos fragmentos de música, de palabras turbias que no se molestaría en descifrar.


Concentraría así, noche tras noche, antes del sueño, todo su odio, su asco, el sabor amargo de la lengua, el oleaje del estómago, en una sola punzada. Corazón o páncreas. Hígado o próstata. Hoy tocaba pulmón. Exhalaría un hedor destilado, gota a gota, toda su puñetera vida. Recorrería así, por última vez, cada estancia, no precisamente por el camino más corto, avanzando y retrocediendo en vaharadas, repartiendo cortes de manga, mierda, no es más que mierda, que os den, que os den a todos, estirándose para pasar entre la puerta y el felpudo, fluir escaleras abajo, convencer a los vecinos de que ya, por fin, habría que dar aviso, durmiéndose siempre con el mismo pensamiento, lástima no estar aquí cuando lleguen para apagar la jodida radio.






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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

autorrelatos

autorrelatos dijo

Muchas gracias, lacazadoraderratas. Por cierto, me encanta el nombre de tu blog.

19 Septiembre 2008 | 09:54 PM

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Sobre mí

El perro estaba en la soledad del páramo, junto a un poste de teléfonos, con una pata alzada, aliviándose. No muy lejos de él pasó un tren. Unos niños asomados a la ventanilla lo miraban con ojos de asombro, como si nunca hubiesen visto un perro. El más pequeño agitaba su manita, quién sabe si saludando o despidiéndose. Qué más da, pensó, lástima que hayan tenido que conocerme en situación tan poco decorosa. Ya para siempre guardarán esta triste imagen de mí, y sólo ésta. En fin, así es la vida, gimió, sacudió la pata con gesto melancólico, olisqueó cabizbajo las vías del ferrocarril.


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